Mi llegada a España: El relato de una venezolana cruzando el charco (Parte 1)

Salir de tu país es una historia que se escribe en varias etapas. Para mí, España no fue la primera parada. Salí de Venezuela en 2018 con una maleta llena de incertidumbre y aterricé en Perú. Aunque allí viví cuatro años, siempre tuve una mirada puesta en el mapa del otro lado del Atlántico; España era mi verdadero sueño.

Entre crisis económicas, dificultades personales y una pandemia mundial que congeló el tiempo, parecía que el momento nunca llegaría. Pero el destino tiene sus maneras. No iba sola. Salí de Perú junto a un par de amigos que, en el camino de la migración, terminaron convirtiéndose en la familia que uno elige.

El apretón en el pecho y el idioma del avión

Nunca olvidaré el momento de subirme a ese avión en julio de 2022. Sentí un cúmulo de emociones que no sabría explicar con palabras exactas; era un apretón fuerte en el pecho, esa mezcla de terror y adrenalina pura.

Lo curioso es que yo ya me había familiarizado muchísimo con la cultura española a través de series y películas, o al menos eso pensaba yo. Pero cuando escuché a las azafatas hablar con su acento castellano en vivo y en directo, sentí un escalofrío. Ahí fue cuando me cayó el veinte: «Clareliz, esto es real. Ya no es una pantalla. Estás yéndote a Europa».

Madrid: Multitudes y el abrazo después de 4 años

Mi primera pisada en suelo español fue en Madrid, el 4 de julio de 2022. Aunque solo iba a estar un par de días de paso, la capital me atrapó desde el primer segundo. Me sentí parte de la ciudad de inmediato, me fascinó su arquitectura, su ritmo y sus multitudes.

Pero lo más impactante de ese primer día no fueron los monumentos, sino los ojos de mi primo. Él fue el primer familiar directo que vi en casi cuatro años de separación. Cuando nos abrazamos en medio de Madrid, todas las emociones que traía guardadas desde el avión salieron a flor de piel.

Él se convirtió en mi primer guía: me llevó a conocer los sitios más icónicos de la ciudad. Fue una experiencia tan bonita y tan llena de luz que, desde ese día, la he venido replicando de forma casi sagrada. Hoy en día, cada vez que un amigo o un conocido llega nuevo a Madrid y necesita un norte, yo misma le hago ese mismo tour de bienvenida.

Esa primera noche nos reunimos mis amigos de viaje, mi primo y una amiga en un bar madrileño. Entre cañas, risas y anécdotas, respiré hondo y sentí, por primera vez en mucho tiempo, que estaba en un lugar donde podía volver a ser feliz.

Málaga: El olor a mar que me devolvió a Margarita

Al día siguiente tomamos el tren rumbo a nuestro destino final: Málaga. Si Madrid me había gustado, Málaga me enamoró por completo. Al llegar, sentí que una parte de mí regresaba a casa. Yo soy de la Isla de Margarita, en Venezuela, y el ambiente malagueño, el clima caribeño del sur de España y el olor a mar me recordaron muchísimo a mis raíces.

Allí nos esperaba Victoria, la prima de mi amigo Eduardo. Nos recibió en su casa con los brazos abiertos, tratándome desde el minuto uno como a un miembro más de su propia familia. Ese verano de 2022 en Málaga fue simplemente maravilloso: un reencuentro con la playa, con el sol de julio, con calles nuevas por explorar y con la maravillosa sensación de un lienzo en blanco.

Sin embargo, detrás de los días de playa y las caminatas bajo el sol, todos los que cruzamos el charco sabemos que hay una realidad paralela. El propósito de llegar a esta hermosa ciudad y de ser recibidos por una persona tan grande como Victoria era uno muy claro: iniciar el complejo y necesario camino de regularizarme como inmigrante en España…

Esta historia continuará. En la próxima entrega les contaré cómo fue el choque con la burocracia, los primeros papeles (el bendito padrón) y cómo es la realidad de empezar a buscarse la vida legalmente en el sur de España.

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